Mi nombre es Nina y El taller de Nina es mucho más que un negocio: es el resultado de una pasión que me acompaña desde la infancia. Crecí en un hogar donde reparar, cuidar y preservar los objetos era algo natural. Mi padre me enseñó que los muebles no se tiran, se respetan; que cada pieza guarda recuerdos y merece una segunda oportunidad.
Con más de 5 años de experiencia profesional, he convertido ese aprendizaje familiar en un proyecto artesanal sólido, enfocado en la excelencia y el trato directo con cada cliente.

Cada mueble se lleva un trocito de mi alma
No concibo mi trabajo sin emoción. Cada restauración es un proceso íntimo, donde escucho la historia del mueble y también la de su dueño. Por eso digo que cada mueble que sale de aquí se lleva un trocito de mi alma. No hay dos piezas iguales, porque no hay dos historias iguales.
Trabajo con mimo, paciencia y una atención extrema a los detalles. Desde la elección del color hasta el último acabado, todo está pensado para crear una pieza exclusiva, elegante y atemporal.
Artesanía como forma de vida
Creo en el valor de lo hecho a mano, en la cercanía con el cliente y en el tiempo como aliado de la calidad. Mi objetivo no es producir más, sino crear mejor.

